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miércoles, 30 de diciembre de 2009

Cristo Rey

-Pero, de todos modos, ¡la pena de muerte! ¡la pena de muerte!

El rostro del joven adquirió una expresión de gravedad y ternura.

-¿Tan terrible es esto -dijo-, para un católico convencido?

Se levanto Monseñor. Le parecía que hasta su sentido moral estaba por entero en peligro. Apelo al ultimo recurso.

-¡Pero Cristo!-grito-. ¡Jesucristo! ¿Podéis ni siquiera concebir la idea de que aquel dulcisimo Señor de todos nosotros tolere esas cosas ni por un instante? No puedo contestarle ahora, aunque estoy persuadido de que existe una contestación; pero ¿es concebible que Aquel que dijo “no luches con el mal”, que Aquel que enmudecía ante sus asesinos?...

También el Padre Adrian se puso en pie. Centelleaban sus ojos y estaba aun mas palido que antes. Comenzó a hablar en voz baja; pero fue elevándola hasta acabar casi a gritos, que resonaban en la reducida estancia.

-Sois vos quien deshonra a Nuestro Señor -dijo-, Sufrió El ciertamente , como algún día veréis que sufrimos nosotros, los católicos... como habéis visto ya mil veces, si algo sabéis de lo pasado. Pero ¿es acaso esto lo único que El representa?...¿Es solo el Príncipe de los Mártires, la Suprema Victima del Dolor, el silencioso Cordero de Dios? ¿No habéis oído hablar de la ira del Cordero; de los ojos que despiden llamas; del cetro de hierro con que hace pedazos a los reyes de la Tierra?... El Cristo ante quien vos clamáis no es nada: no es mas que un Hombre vencido, del cual se separa la Divinidad..., el Príncipe de los sentimentales y de aquella antigua y perniciosa religión que en otro tiempo se atrevió a darse a si misma el nombre de cristianismo. Pero el Cristo que adoramos nosotros es mas que esto: el eterno Verbo de Dios, el caballero de la Blanca Cabalgadura que realiza y seguirá realizando sus conquistas...Monseñor, !os olvidáis de cual es la Iglesia a la que pertenecéis como sacerdote! Es la Iglesia de Aquel que rechazo los reinos de este mundo que le ofrecía Satan, que El podía ganarlos por si mismo. Esto ha hecho.!Cristo reina!... He aquí lo que habéis olvidado, Monseñor. Cristo no es ya una opinión o una teoría. Es un hecho, !Cristo reina!El gobierna real y verdaderamente el mundo. Y es mundo lo sabe.


Dejo de hablar un momento, temblando de cólera, y alzo después al cielo las manos.

-¡Despertad, Monseñor! ¡Despertad! Estáis soñando. Cristo es nuevamente, ahora, el Rey de los hombres..., no precisamente el de los devotos, cuyo entendimiento se orienta a lo religioso. Gobierna porque esta en su derecho... Y el poder civil lo reconoce y apoya en lo secular, y la Iglesia en lo espiritual. ¿Que se me condena a mi a muerte? Pues bien, yo protesto de que no se considere inocente; pero no de que el crimen de que se me acusa se castigue con la perdida de la vida. Protesto; pero no me lamento, no me quejo. ¿Creéis que temo a la muerte?...¿No esta ella también en Sus manos?...Cristo reina, y todos lo sabemos. ¡Y también vos debéis saberlo!


Hasta el poder de sentir parecía haber abandonado al que escucha estas palabras...No veía ante el mas que un rostro pálido, como con éxtasis, y unos ojos ardientes que le miraban con fijeza. No podía ya resistirse, rebelarse por mas tiempo. Solo un gran esfuerzo impidió que se rindiera del todo. Algo enorme, inexplicable, parecía oprimirle, envolverle, amenazándole hasta con hacerle desaparecer.

Tan terrible era la fuerza con que ellas palabras se dijeron que por un instante le pareció que surgía ante el la visión de lo que describían: una suprema y dominadora Figura, herida, en verdad, pero poderosa e imperativa en la plenitud de su fuerza: no ya el Cristo de la dulzura y de la muchedumbre, sino un Cristo que, revestido, al fin, de todo Su Poder, reinaba; un Cordero que era, al mismo tiempo, un León; un Siervo que resultaba ser Señor de todo, y que, si defendía antes su derecho, mandaba ahora sin contradicción.



Extraido de Alba Triunfante de Robert Hugh Benson.

domingo, 25 de octubre de 2009

Robert Hugh Benson: un escritor desconocido.


Robert Hugh Benson: un escritor desconocido.


Hasta ahora desconocido en España, la editorial Homo Legens ha publicado dos obras de tan insigne personaje: Alba triunfante y Señor del Mundo. Benson, hijo del Arzobispo de Canterbury de la Iglesia anglicana, se convirtió al catolicismo en 1903 tras descubrir que el sistema doctrinal anglicano no funcionaba.


La sipnosis


Cuando monseñor Masterman se despertó de su amnesia en Hyde Park no podía creer lo que veían sus ojos. Una gran multitud de personas, entre ellas un buen número de clérigos católicos en traje de gala, escuchaban atentamente la predicación de un franciscano. Al parecer se encontraba en 1973, pero sus últimos restos de memoria eran de inicios de la década de 1910. Recordaba que en aquel tiempo la Iglesia Católica se había visto sacudida por fuertes temporales como el modernismo, el cientifismo o el evolucionismo. Todo auguraba un desastre para la Iglesia Católica en las décadas posteriores. Pero el mundo, predicaba el fraile, había cambiado drásticamente. Londres, Inglaterra, Europa e incluso el mundo entero se habían convertido al catolicismo.
En su mente, monseñor Masterman se preguntaba cómo era posible aquello. ¿Qué había ocurrido en aquellos años, de los que al parecer no recordaba nada, para que se hubiera llegado a aquella situación?
En la trama de esta novela futurista, publicada por primera vez en 1911, se mezclan los argumentos y las utopías, la resistencia política y el destierro, ideas innovadoras y dramática ortodoxia, un Papa majestuoso y curas renegados.
En Alba Triunfante, Robert Hugh Benson quiere dar las claves del futuro del catolicismo, de una sociedad católica y de una ciencia que, lejos del materialismo, ha sabido llegar a su más alto nivel. En Alba Triunfante, religión, ciencia y política son hermanas que rigen las vidas humanas desde el mismo trono.

( http://www.homolegens.com/catalogo/2009/87-alba-triunfante)


Junto a la sipnosis adjunto algún fragmento del libro para hacerse más a la idea


Habían visto los socialistas con claridad absoluta los derechos de la sociedad, y los anarquistas, pos su parte, los del individuo. ¿Cómo iban a reconciliarse unos y otros?:

Acudió la Iglesia, ante estas direcciones opuestas, y dio la solución: por medio de la familia están reconocidas ambas aspiraciones: hallamos en ella la autoridad, y sin embargo la libertad también existe. Porque la unión de la familia estriba en el Amor, y el Amor es la única fórmula de conciliación entre autoridad y la libertad.



Nuevo progreso se realizó después en el terreno de la religión comparada. Al finalizar el siglo XIX constituía, en realidad, este estudio una ciencia nueva, y, como todas las que son, pretendió en seguida destruir los sistemas ajenos, antes que construir los propios. Había entonces, por ejemplo, personas cultas que presentaban como objeción al cristianismo el hecho que muchos dogmas cristianos, y no pocas ceremonias, podían hallarse también en otras religiones. Para nosotros, es hoy dificilísimo el comprender un modo de pensar semejante; pero es preciso que nos hagamos cargo de que la ciencia estaba entonces en plena juventud y ofrecía, por lo tanto, toda la inexperiencia y arrogancia propias de los jóvenes. En el decurso de los años fue desapareciendo esta objeción, que quedó solo relegada a algunos manuales racionalistas de carácter muy elemental, ya que llegó a ser evidente que mientras tal o cual religión ofrecía semejanzas con las doctrinas del cristianismo, mejor dicho, contenía las principales enseñanzas de todas las religiones, o al menos todas aquellas en que estribaba parte de su fuerza, al mismo tiempo que muchas otras necesarias para unir todas esos dogmas separados, hasta constituir con ellos un conjunto homogéneo; que, para concretar la idea en una sencilla metáfora, se levantaba sobre el mundo el cristianismo como lumbrera colocada sobre una colina, y que ciertos reflejos parciales e imperfectos de aquella eran devueltos, con mayor o menor brillo, por los distintos sistemas religiosos inventados por el hombre y agrupados en torno de la luz. Fue patente al fin, hasta para los más cortos de ingenio, que la sola explicación científica de este fenómeno estribaba en la teoría que el cristianismo era en verdad único y que, extremando mucho la parquedad en las concesiones, había que reconocerlo como el más perfecto de todos lo humanos sistemas de fe( y al decir perfecto y humano quiere significar que encarnaba y satisfacía por completo las aspiraciones religiosas de la humanidad);que era, repito, el más perfecto sistema religioso que jamás vio el mundo.