Este señor, del que se desconoce hasta su nombre, fue juanista. Desde el colapso de la usurpación, la familia irreal había caído en el más profundo ostracismo y su apoyo, de capa caída. Tampoco es raro este comportamiento de la sociedad española, con razón decía el Vizconde de Chateaubriand que cuando la monarquía no se falta a si misma, jamás la falta el pueblo.
Tras morir Don Alfonso, asumió el chiringuito Don Juan quien ideó la estratagema de captar al pueblo carlista asumiendo el ideario tradicionalista, explotando la leyenda del Pacto de Territet y atacando al carlismo con las más terribles infamias[2]. No lo consiguió pero algunos cayeron.

Así se las gastan los liberales: paso de buey, dientes de lobo y hacerse el bobo.
Hoy en día, sin discutir la intención del Marqués, no puede provocar mas que pucheros de compasión algunas de sus declaraciones. Una de sus perlas: el Opus Dei aparece como el nuevo frente de la vanguardia católica cuyos procedimientos son adecuados al talante del enemigo a quien combate, con una sabia estrategia religiosa, social, política y financiera, con el empeño de restaurar el ideario tradicionalista en el curso de los próximos decenios, tarea ardua que exigirá el esfuerzo abnegado de varias generaciones. O su fe en la usurpación que le lleva a la alabanza del “Príncipe Juan Carlos”. El tiempo demostró más tarde cuán errado estaba e incluso a nuestros ojos llega a ser esperpéntico.
El Marqués murió en el 2005, pero sería interesante saber qué hubiese pensado de la actual situación. Pobre hombre.
[1] A este título se le pueden añadir más libros de ciencia ficción como El noble final de la cuestión dinástica de Francisco de Melgar(hijo, claro) o La otra legitimidad de Jesús Pabón. Para desenredar los embustes juanistas recomiendo El pacto de Territet, Alfonso XIII y los carlistas de Tomás Echeverría .
[2] Si quieren ver alguna prueba, pueden leer la hemeroteca de uno de los males endémicos de España: el ABC.
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