domingo, 1 de julio de 2012

El intento de asesinato de Fal Conde


Don Manuel Fal Conde

El paso de los años y la ausencia de medios provoca el olvido de algunos acontecimientos más que llamativos. Éste es uno de ellos: la preparación del asesinato de Manuel Fal Conde. El hecho apareció primero en “El Correo de Andalucía”, a fecha de 20 de noviembre de 1979. El periodista, Holgado Mejías, incluía una entrevista con un hijo de Fal Conde, Domingo Fal Macías. Más tarde, en 1986, se publicaba un extracto del reportaje, en el libro de Tomás Echevarría, Franco ¿no era normal? Uno de sus hechos injustificable: la persecución a los carlistas. 

Fal Conde vivió un verdadero infierno, ya durante la Guerra Civil; al igual que muchos carlistas como, por ejemplo, Zamanillo. Destierros, detenciones, censuras, control del teléfono… mucho dolor debieron sentir aquellos carlistas que habían ganado la guerra pero habían perdido la paz.

A finales de diciembre de 1936, tras crearse la Academia Militar de Requetés, Franco daba a elegir a Fal Conde entre un Consejo de Guerra sumarísimo o el exilio. Don Manuel eligió la expatriación, optando como destino el vecino Portugal y sólo le fue permitido volver a España en noviembre de 1937. Mientras tanto, el Generalísimo firmaba el Decreto de Unificación; que suponía la perdida de periódicos, círculos, muebles… a favor del partido único.

A su retorno, los primeros meses fue confinado en una finca palentina, llamada Villadrando, cercana a Cordovilla la Real. Más tarde, volvió a Sevilla; pero siempre bajo supervisión policial o arresto domiciliario. En el mes de septiembre de 1941 se repitió la expulsión, esta vez con destino a Ferrerías (Menorca). La aplicación de la orden se retrasó un mes, pues la mujer de Fal se encontraba en avanzado estado de gestación y encamada. Finalmente, el niño nació muerto y su madre continuó en un estado delicado, lo que no impidió la expulsión.

El Ministro de Gobernación era Blas Pérez, responsable de la orden de destierro, y seguramente del intento de asesinato. Por encima, claro, la responsabilidad superior de Franco. A continuación, ofrecemos un extracto del reportaje:

PLAN DE ASESINATO

-¿Qué es lo primero que hizo tu padre cuando recibió la orden de destierro?
-Mi padre prohibió terminantemente que se dijera cuando salía él de Sevilla. Quería que nadie lo supiera.
-¿De quién era el coche en que viajaba?
-Mi padre hizo el viaje en su coche. Al volante iba su chofer particular Miguel Infante. La acompañaban su compañero de bufete José Acedo Castilla y un Capitán de la Guardia Civil.
-¿En misión de servicio?
-Sí.
-¿Vive este capitán?
-Sí
-¿No me quiera dar su nombre?
-No.
-¿Qué recorrido hicieron hasta el destierro?
-El Gobernador Civil dijo al Capitán de la Guardia Civil el recorrido que obligatoriamente tenían que hacer: Málaga, Almería, Alicante y allí embarcarían para Mallorca. Lo que no sabía el Gobernador es que, y te lo afirmo con absoluta seguridad, entre Sevilla y Málaga mi padre tenía que ser asesinado. Pero no se ejecutó el criminal plan porque se equivocaron de carretera.
-¿Hubo algo sospechoso o alguna anormalidad cuando salieron de Sevilla?
-El Capitán de la Guardia Civil quiso dar a mi padre una pistola, pero él se negro a recibirla, y observó entonces que el Capitán había introducido en el coche armas automáticas.
-¿No te parece todo esto muy extraño?
Hay algo más todavía. Hasta ese momento, mi padre desconocía que el Capitán supiera el plan del asesinato, y el Capitán ignoraba que mi padre lo supiera.

EL HONOR DE LA GUARDIA CIVIL

-¿Quién descubrió el plan?
-Yo creo que fueron los servicios de información de la Guardia Civil los que alertaron a la superioridad de lo que había planeado.
-¿Qué papel jugaba el Capitán de la Guardia Civil?
-Verás. Este Capitán tenía muy grave a su mujer y los compañeros quisieron sustituirlo en la misión de acompañar a mi padre hasta el punto de su destino. Entonces el Capitán se negó a ser sustituido, alegando que lo que estaba en juego era el honor del Cuerpo de la Guardia Civil, y que él no podía declinar defender ese honor.
-¿Cómo dices?
-Que el Capitán no quería dejar el riesgo que él iba a correr a otro compañero.
-¿Se refería él secretamente al asesinato planeado?
-Sí. El capitán se sentía en la obligación de conducir a un señor al destierro, pero defendiendo la vida de ese señor y sin entrar en las razones de su detención y destierro.
-¿Me dices cómo se llama?
-No me considero autorizado a dar su nombre en razón a que él no quiere que figure su heroísmo.

viernes, 15 de junio de 2012

Francisco de Cossío y Jaime III

Francisco de Cossío

Francisco de Cossío y Martínez-Fortún fue uno de los próceres de la cultura pucelana. Tuvo, en su haber, raíces carlistas. E importantes. Su abuelo, por parte materna, fue León Martínez-Fortún, conde de San León, título otorgado durante la segunda guerra carlista. Tras una estancia en Cuba, volvió a España donde luchó junto a Carlos VII, durante la III guerra carlista; primero, como capitán general y, después, preceptor del príncipe Don Jaime. En 1910 se casó con Mercedes Corral García-Mesanza, hija del catedrático de Medicina, León Corral, insigne carlista.
 
La firma de León Corral, suegro de Cossío, en La España Católica a Su Príncipe, Don Jaime





Don Francisco nació en Sepúlveda en 1887, pero desarrolló toda su actividad literaria en la ciudad del Pisuerga.  La rama paterna pesó más en su pensamiento convirtiéndose en concejal del Ayuntamiento de Valladolid por el partido liberal. Sin duda, algo tuvo que ver su talante y la amistad con Santiago Alba. La llegada de la Dictadura de Primo de Rivera necesitará un chivo expiatorio, y ése fue Santiago Alba que será fustigado como el corruptor de España. Con él, cayo Cossio, perdiendo su puesto en el Museo de Escultura y más tarde, debido a un artículo en El Norte de Castilla titulado “Cazadores de gorras” en el que atacaba al cuerpo de Somatenes, el destierro a las islas Chafarinas, desde donde se trasladará a París.

Y en ese París de entreguerras, Cossío conoció a Don Jaime a través de doña Elvira de Borbón, oveja negra de los hijos de Carlos VII. Decía don Francisco que su pecado fue siempre de rebeldía. Resistencia a creer lo que no vimos; a aceptar los prejuicios de casta; a someterse a las reglas inflexibles que señalaban la tradición de su casa… Gracias a su hermano y a Don Alfonso malvivía entre los bares y cafés de París y, raramente, en los casinos de Montecarlo. Tras hacer migas con esta enfant terrible, la desgraciada princesa le presentó a su hermano.

El monarca, en el exilio, tenía una gran vida social. A su casa asistían gran número de personas de la política española: Francisco Cambó y Santiago Alba e incluso Dámaso Berenguer[3], quien nada más ser depuesto como Jefe de Gobierno visitó a Don Jaime, asustado ante la situación de España. También literatos como Vicente Blasco Ibáñez o Josep Plá.  

Jaime III


La visión que transmitió nuestro insigne pucelano se plasmó en Confesiones[1]: ¿Qué era, pues, Don Jaime de Borbón, duque de Madrid, pretendiente a la Corona de España, y, por el conde de Chambord, heredero de la corona de Francia? […] Un hombre fuerte, alto, de largos mostachos, frente despejada y cabello gris, peinado hacia atrás, se adelanta y me tiende la mano con franqueza muy española. Es un hidalgo de buena planta, como tantos otros que podemos conocer en pueblos de Andalucía y de Castilla. Más, sin embargo, en su semblante se descubre una expresión que le da cierta superioridad y jerarquía. Su sonrisa abierta y cordial infunde respeto. Inquieta un poco su mirada penetrante cuando interroga, ya que a Don Jaime le gusta preguntar y escuchar, más que hablar. Después, en el trato diario que he de tener con él, averiguo que esta sonrisa no es otra cosa que comprensión. 

Esta mirada la podemos identificar con la que da Antonio de Lizarza Iribaren[2] sobre Don Jaime: a veces, se advertía al Borbón imprudente, amigo de las chirigotas superficiales de sabor volteriano, la falta de fijeza. […] pero queda claro que a su inteligencia excepcional, su valor personal casi legendario y bien probado, y a su experiencia y conocimiento de los hombres, lenguas y de la política, añadía el sentido de sus deberes como Rey carlista, su cariño y admiración enormes por sus leales. Supo, en fin, mantener la solera y su responsabilidad. Esto es evidente. Lo demás, sólo tiene el carácter de anécdota humana intrascendente.

Presentamos a continuación una carta inédita[4] de Francisco de Cossío[5], en la que felicita a Don Jaime su onomástica:

Bidart, 24 de julio 1927

A Su Alteza Don Jaime de Borbón.

Señor: Hace mucho tiempo que no sé nada de su alteza, aún conservando los grandes recuerdos de nuestros días de París, y no quiero que pase el día de Santiago sin enviarle mi felicitación más efusiva.

Las cosas de España, como verá por los periódicos, marchan cada día peor, y los que aspiramos a una España más moderna y nos vemos precisados a vivir ahora en este ambiente de dictadura, lo pasamos bastante mal. Mis persecuciones personales parece que, por el momento, han desaparecido; sin embargo, no tendría nada de particular que reaparecieran cualquier día.

Según noticias que acabo de recibir, el conflicto militar de los artilleros acaba de reproducirse en Segovia, y el gobierno ha tomado medidas de rigor, pero yo no confió en que la sensibilidad de estos reaccione con más violencia que la vez pasada. En suma, que no adelantamos nada, y que la única realidad visible es que el reinado de don Alfonso va a terminar mal.

Yo salgo mañana para Valladolid, regresando aquí a fines de agosto. Pienso que su Alteza debe estar en Austria, más le dirijo ésto a París por conducto de censor ¿Cuándo volverá a París? Lo deseo muy vivamente. Le repito, pues, mi felicitación por Santiago con mis más expresivos recuerdos y respetuosos saludos.

Francisco de Cossío

Torrecilla 5, Valladolid.



[1] DE COSSIO, Francisco: Confesiones. Mi familia, mis amigos y mi época. Madrid, Espasa-Calpe, 1959.
[2] Pág. 23 en DE LIZARZA IRIBARREN, Antonio: Memorias de la conspiración. 1936-1939. Pamplona: Gómez, 1969.
[3] Pág. 296 en DEL BURGO, Jaime: Conspiración y guerra civil. Madrid: Alfaguara, 1970.
[4] La transcripción está realizada por el autor de esta bitácora.
[5] Archivo Histórico Nacional: Archivo Carlista, 134, EXP. 4.

lunes, 11 de junio de 2012

Conferencia sobre Menéndez Pelayo.



Menéndez Pelayo es algo más que uno de los colegios mayores de Valladolid. Es uno de los mejores historiadores del siglo XIX. Y como agua de mayo llega esta notica: Javier Burrieza, profesor en la Universidad de Valladolid dará una conferencia titulada "Menéndez Pelayo y Valladolid" en la Casa Revilla. Será el día 19 de junio, a las ocho de la tarde.

viernes, 1 de junio de 2012

Melchor Ferrer y el juanismo.

Panfleto carlista descubriendo las intrigas del juanismo


Al Carlismo no se le entrega, sean quienes sean, cuantos sean los que sigan en su vía al Conde de Rodezno. El Carlismo no se entrega. porque quedaría por entregar la bandera que sostiene S.A.R el Príncipe Regente. El Carlismo no se entregó en los campos de Vergara, cuando una gran cantidad de personalidades abrazaron al mamarracho de Espartero; el Carlismo no se entregó cuando en 1849 se acogieron muchas personalidades a la amnistía que les daba el espadón Narváez; el Carlismo no se entregó cuando, impulsado por el traidor Lezu, Don Juan III pedía ser reconocido por Doña Isabel como Infante de España; el Carlismo no se entregó cuando en 1879 eran invitadas las honradas masas para que acudieran a la Unión Católica, aunque muchas personalidades claudicaron; el Carlismo no se entregó cuando el cardenal Sancha nos daba sus desinteresados consejos; el Carlismo no se entregó cuando la madre de Don Juan iba a aplaudir a Vázquez de Mella, no sé si en la Zarzuela o en la Comedia; el Carlismo no se entregó cuando el Conde de Rodezno y sus correligionarios se fueron con el General Franco a la Falange, ni el Carlismo se entrega ahora aunque Rodezno y todos los que como él piensan vayan a Lisboa a reconocer a su rey. 

De Melchor Ferrer Dalmau en Observaciones de un viejo carlista a unas cartas del Conde de Rodezno.

domingo, 13 de mayo de 2012

El Príncipe Don Jaime en Valladolid.


El Príncipe Don Jaime, según una caricatura del Madrid Cómico (Nº 75, 22-VII-1911)

Don Jaime viajó mucho por España, siempre de incógnito. El sigilo con que se hacían estos viajes provocaría la denominación del príncipe fantasma o el omnipresente por los periódicos, ya que en un mismo día era visto en los puntos más lejanos de la geografía hispana. El más famoso de sus viajes tuvo lugar en 1895, siendo acompañado por Tirso de Olazábal (1842-1921). Este último escribiría Don Jaime en España, que pronto se podrá leer en la página de la Comunión. Para no ser reconocidos, ambos utilizaron nombres falsos, pero manteniendo las iniciales de sus nombres. Así quedaron como Juan de Battemberg y Tomás Ortiz. Estuvo a punto de ser reconocido muchas veces pero siempre escapaba airoso.

Al año siguiente, acompañado del Conde de Casasola se presentó ante el Zar Nicolás II en San Petersburgo, siendo nombrado Alférez en el Regimiento de Dragones de Louby nº 24. En sus años rusos, Don Jaime luchó en varios frentes: Afganistán, Manchuria, China… durante 14 años hasta la muerte de su padre, en 1909, cuando abandonó el ejército ruso para reclamar sus derechos.

En su recorrido por España, pasó unos días en Valladolid, estancia a la que hacemos referencia en esta bitácora:

Don Jaime en Valladolid, obra del artista vallisoletano Juan Toledano Vega.

En Valladolid nos hospedamos en el Hotel Continental de France, donde por cierto me conoció un sirviente, y en cuanto quitamos el polvo del camino nos echamos a la calle. Al salir del hotel nos metimos en el primer tranvía que encontramos y que nos llevó frente a la iglesia de San Pablo, cuya fachada, de gótico flamígero, es una de las cosas más notables de aquella ciudad. Visitamos después la catedral greco-romana, de últimos del siglo XVI, principiada por Herrera, concluida por Churriguera. Con uno de sus pilares se podrían hacer todos los de la incomparable catedral de León: ¡qué contraste! 
Con detenimiento vimos el Museo; pero no pudimos formarnos idea exacta de lo que contiene, porque estaban haciendo una obra importante en la parte superior del edificio, y mientras ésta se termina, tienen amontonados abajo cuadros y estatuas que no valen mucho y ocultan lo bueno que hay. El Museo, casi en su totalidad, lo constituyen los despojos de los conventos. Hay tallas muy buenas de Cano y Berruguete y del guipuzcoano Arandia: algunos cuadros (no de los mejores) de Murillo, Ribera y Goya.

Al salir del Museo seguimos a un batallón que con música, cornetas y tambores iba a hacer el ejercicio: marchaban sus soldados con ese aire marcial propio de la infantería española y que agrada en gran manera a D. Jaime. Recorrimos el magnífico y espacioso paseo del Campo Grande, que ha sufrido gran trasformación en estos últimos años, y, en donde, según la tradición, tuvo comienzo el drama que terminó con la prematura muerte de D. Fernando el emplazado.
Recorrimos la ciudad, donde tantas Cortes y autos de fe se han celebrado, y al llegar a la plaza del Ochavo, don Jaime, en cuanto le dije aquí murió don Álvaro, exclamó:
—Sí; y cuan admirablemente lo cuenta el Duque de Rivas:

Mediada está la mañana;
Ya el fatal momento llega,
Y D. Álvaro de Lima
Sin turbarse oye la seña.
Recibe la Eucaristía,
Y en Dios la esperanza puesta,
Que adorna gualdrapa negra,
Y tan airoso cabalga,
Sereno baja á la calle,
Donde la escolta le espera.
Cabalga sobre su mula,
Cual para batalla o fiesta.
Arriba á la triste plaza,
Que ha pocos días le viera
Tan galán en el torneo, 
Con tal poder y opulencia.
Al pie del cadalso el reo,
De la alta mula se apea;
Fervoroso el Padre Espina 
Con él sube y no le deja.
El Condestable sereno
El pie al Crucifijo besa.
De hinojos en la almohada
Se pone, el cuello presenta;
El religioso le grita:
«Dios te abre los brazos, vuela.»
El hacha cae como un rayo,
Salta la insigne cabeza.
Se alza universal gemido.
Y tres campanadas suenan.
Que hubieran muerto, de haberlas oído, al débil D. Juan II, fallecido al poco tiempo.
Tan universal fue, y en esta ocasión tan fundado, el gemido, que la memoria del valiente caballero, enterrado de limosna, fue rehabilitada: el Rey de Castilla cumplió la penitencia que le impuso el Papa, y los restos mortales del vencedor de la Higueruela descansan, regiamente, en la Catedral Primada.
De otros dos validos, también desgraciados, conserva recuerdos Valladolid; del Duque de Lerma, y del Marqués de Siete Iglesias, aquel D. Rodrigo, el cual según el picaresco Villamediana, en robar y en morir bien se parecía al buen ladrón y cuya muerte tranquila, pero que al vulgo antojósele orgullosa, dio origen a uno de nuestros refranes.

Díjome el Príncipe que quería asistir a la representación de la zarzuela La Verbena de la Paloma, que se verificaba aquella noche en el teatro de Lope de Vega. No me atreví yo a acompañarle, por temor de que alguno me conociera, lo cual hubiera comprometido quizá el éxito de la expedición, ni me parecía bien dejarle sólo. La llegada del inglés, de quien antes he hablado, resolvió esta dificultad: don Jaime fue al teatro en su compañía.

Aprovechando el momento en que fui yo a tomar los asientos para la función, el Príncipe dejó sólo al inglés y se marchó al Casino carlista[1]. Era mala hora y sólo halló seis ú ocho socios, con quienes entabló conversación diciéndoles que él era carlista y se hallaba de paso en la ciudad: díjoles que había querido comprar El Correo Español, pero que no le había podido encontrar, y ellos le proporcionaron inmediatamente dos números. Invitados por el Príncipe, y entre grandes protestas de entusiasmo, bebieron todos a la salud del Rey. ¡Cuál será el asombro de aquellos excelentes carlistas, cuando sepan que el que en tan breves momentos supo cautivarlos y atraerlos a sí era el Augusto Hijo del que con tanto amor aclamaban! ¡Cuántos, en cambio, sentirán no haberse hallado en el Círculo ese día, 8 de Junio, y a aquella hora!


[1] Seguramente ubicado en la Plaza Mayor.

sábado, 12 de mayo de 2012

Fallecimiento del P. Sebastián Urbieta O.F.M.

Agencia Faro: Valladolid, 10 mayo 2012, Stos. Antonino, obispo y confesor; Gordiano y Epímaco, mártires; Juan de Ávila, confesor. Ayer miércoles recibieron sepultura en el vallisoletano Cementerio del Carmen los restos del Padre Sebastián Urbieta Beristain O.F.M., fallecido en esta ciudad leonesa el pasado lunes 7 de mayo, a los 81 años de edad. Carlista guipuzcoano, leal a la Dinastía legítima completa (es decir, a la que no se detiene en 1936 en el Rey Don Alfonso Carlos, sino que continúa con Don Javier y llega a nuestros días con Don Sixto Enrique de Borbón) su salud era frágil ya desde hacía tiempo, lo que no le impedía celebrar públicamente la misa en fechas destacadas para la Causa de la Santa Tradición. Era orador y músico sagrado notable. Estaba adscrito últimamente al Convento de la Inmaculada de los PP. Franciscanos sito en el Paseo de Zorrilla. Le sobreviven ocho hermanos (una de ellas también religiosa franciscana) y varios sobrinos.

Requiescat in pace.

martes, 1 de mayo de 2012

Jaime III y el requeté jaimista vallisoletano.




          Eran otros tiempos. La juventud tenía sangre en las venas. Por las calles corrían panfletos que decían: “Requetés: al insulto contestad con la bofetada; a la bofetada con el palo; al palo con el tiro. ¡Viva España! ¡Viva Don Jaime!”

                 Tras la escisión de Mella, las juventudes jaimistas se multiplicaron por España. Bajo la bandera legitimista, defendían al rey. Y el propio Don Jaime, rey guerrero, curtido en el campo de batalla, se inclinaba a la lucha: “El orden social tan quebrantado por la revolución peligra en sus últimos fundamentos. Y no tanto por el empuje de las turbas anárquicas sino por la cobardía de los poderes que pactan con ellas para salvar, entregándose en rehenes, la vida y el interés. En la lucha violenta que se acerca entre la civilización y la barbarie, a nadie cedo el primer puesto para pelear en la vanguardia por la sociedad y por la patria. Jamás el temor a las iras terroristas me hará retroceder un paso en el camino del deber. Soy español y en mi programa no hay sitio para el miedo”.

PD: Nuestro agradecimiento a M.H.B. que nos ha facilitado las fotografías del banderín jaimista de Valladolid.